viernes, 4 de diciembre de 2015

LA VALOR DE SER TÚ

Erase una vez un hombre joven que gozaba de una buena salud y una alegría que lo definía como persona. Le encantaba el deporte, cada día salía a correr y se estaba preparando para las pruebas que hace el equipo olímpico nacional. El deporte era su vida. Lo amaba más que a nada en el mundo. Un día cogió su moto para dirigirse a un entrenamiento y en una rotonda se le cruzó un vehículo que no respetó el "ceda el paso" y se lo llevó por delante. A pesar del golpe este hombre sobrevivió pero quedó en una silla de ruedas para siempre. Entró en un estado de depresión profunda y la vida empezó a carecer de sentido. La tristeza se apoderó de su alma incluso le cambió la cara. No era el mismo. Un día soleado se encontraba en la terraza de una cafetería cuando coincidió con un conocido, al que hacía tiempo que no veía. Se saludaron y ambos empezaron a hablar de sus cosas:
-Supe de tu accidente. Lo siento mucho.
-No sé qué hacer con mi vida. Todo me parece un completo sinsentido.
-¿No hay nada que hacer?
-No. He ido ya a muchos médicos y todos coinciden en lo mismo. No puedo correr, mi sueño en el equipo olímpico se ha desvanecido, esta era mi vida y ahora ya no me queda nada, es tan injusto, la vida es injusta.
Después de un rato de largos lamentos con alguna lágrima derramada por la emoción, al amigo de repente le cambió la cara. Lo miró y tomándolo del brazo le dijo: -No todo el mundo lo tiene todo, ni siquiera los ricos lo tienen todo. Siempre hay carencias del tipo que sea ¿Y si en lugar de quejarte y de añorar lo que no tienes, te centras y potencias lo que tienes? Busca en ti ya que seguro que, a pesar de estar en esa silla de ruedas, tienes algo que potenciar.
Se despidieron y aquella conversación acabó ahí. Un año después el azar quiso que se reencontraran en aquella misma cafetería. Se saludaron y el minusválido le dijo con alegría: -No sabes como ha cambiado mi vida.
-¿Qué ha sucedido?
-Después de nuestra conversación el año pasado recapacité y medité mucho. Seguí tu consejo, usé y potencié lo que tengo: mis brazos. Ahora llevo una buena trayectoria en natación, empecé a entrenar a niños parapléjicos y me han llamado del equipo paralímpico. Ahora mis lágrimas son de alegría.

Nos pasamos la vida quejándonos de las cosas que no tenemos: posibilidades, trabajo, dinero, cariño, propiedades y qué sé yo cuántas cosas más. Pero nos olvidamos de todo lo que tenemos, no le sacamos partido, lo acabamos arrinconando porque ya no nos parece útil y se acaba por deshacer.


No envidies lo que no eres ni lo que no tienes
Disfruta y potencia lo que sí tienes
Que es más de lo que te parece.

IGC


Ilde García
Psicoterapeuta y profesor de taichí
T. 628 704 281

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